miércoles, 8 de diciembre de 2010

La gran batalla de Issos - (kronika de Philemon)




Tras mucho rebuscar encontré las notas que el ínclito portaestandarte Philemon dejó para la posteridad.

Al final del relato está la colección completa de imágenes.

Y ésta es la krónica de la gloriosa jornada de Issos.

Un murmullo nervioso se extendía entre las filas del ejército. Rumores de heridos asesinados y hombres mutilados encendían los ánimos de unos pero apagaban los de los timoratos.
Sabíamos que el ejército persa había maniobrado hasta alcanzar nuestra retaguardia y había cortado la ruta del norte. Así pues la batalla era inminente.

Tras dos días de marcha rápida llegamos a ellos. Se extendían como una nube de langosta entre el mar y las montañas. Era un frente estrecho y sus masas apenas cabían en el angosto espacio.

Los estandartes persas indicaban que Darío estaba allí y a Alejandro le brillaban los ojos, era la oportunidad deseada, la ocasión de enfrentarse de verdad con el poderío persa comandado por el mismísimo rey de reyes. ¡Pero en qué lugar por los dioses!



Apenas había espacio para maniobrar y la posición persa era muy ventajosa. El Pinaro era un riachuelo insignificante pero algunos sectores de la orilla norte eras escarpados y ascendían a una suave elevación del terreno. El grueso de la infantería persa estaba allí, esperando. El centro lo formaban los mercenarios griegos, vendidos al oro persa y traidores a la causa griega que lucharían sin desmayo. A sus flancos la infantería persa, eran el punto débil, pero estaban bien flanqueados por la poderosa caballería aqueménida.

A nuestra derecha, sobre las colinas y entre los bosques había partidas de escaramuzadores que amenazarían nuestro flanco.

Alejandro esbozó su plan con sus compañeros generales. A Parmenio como siempre le tocaba bailar con la más fea.
-Ahí los tenemos, como siempre, así que haremos lo de siempre y les derrotaremos como siempre, amigos. Rehusaremos la izquierda y yo romperé por la derecha. Ya sé que no hay flanco que rodear, así pues lo crearemos nosotros mismos aplastando su ala y envolviéndolos, ya os digo que será coser y cantar.



Los compañeros se miraban y murmuraban por lo bajini, juas eso no te lo crees ni tú “colega”. Y miraban al pobre Pamenio y se daban codazos.
Parmenio sudaba tinta mientras contaba y recontaba las magras unidades con las que debía”rehusar” el flanco izquierdo.
Lloriqueó tanto que al final Alejandro, cansado de escucharlo le pasó a los tesalios, a costa de debilitar su propia formación de choque, aunque en realidad lo hizo cuando un paje entró en la tienda con un informe de los ojeadores, que confirmaban que los persas habían trasladado su caballería pesada al flanco de Parmenio.

Así que los persas planteaban la misma táctica que nosotros y Alejandro sabía que todo era cuestión de velocidad y fortuna.

* * *

Recorrimos a galope la línea de batalla desde las arenas de la playa hasta las primeras rampas de las colinas. Nuestras tropas nos vitoreaban y golpeaban rítmicamente los escudos.
Ocupamos nuestro puesto en la línea de batalla y Alejandro me miró y me sonrió.
Agité el estandarte y nuestras trompetas dieron la señal de avance por toda la línea.

Nuestros valiosos agrianos tuvieron que posicionarse en la derecha protegiendo el flanco por si a los persas se les ocurría descender de las colinas, desde luego nosotros no íbamos a subir a buscarlos.

Las falanges avanzaron a buen paso, justo a la derecha de nuestros compañeros montados estaban los 6000 hipaspistas al mando de Nicanor. Los prodromoi galopaban a nuestra izquierda, justo en las estribaciones de las colinas.
La caballería persa a nuestro frente no avanzó a nuestro encuentro buscando el choque, al contrario, quedó más allá del río, esperando a que nos enjabonáramos entre la infantería persa que amenazaría nuestra cuña de ataque. Eso iba a ser un problema.

Lo que pasaba al otro lado del campo de batalla quedó fuera de mi vista. Mis colegas que cabalgaban al lado de Parmenio me relataron que desde el primer momento las vieron venir de todos los colores, pues una masa gigantesca de caballería persa, blindada y muy emplumada cruzó el río sin dudarlo y con muy malas caras.

Los auxiliares tracios y los hoplitas intentaban organizar un flanco que uniese nuestras falanges y la caballería de Parmenio pero pronto los piqueros empezaron a verse desprotegidos por la izquierda y algunas unidades se quedaron rezagadas de forma que la falange se aproximó oblicuamente a la línea del río.

Mi amigo Mortadelio, estaba al lado de Parmenio cuando la caballería persa llegó al choque. Algunos psilois que les barraron el paso simplemente fueron arrollados, pero los tracios iban a demostrar el porqué de su reputación. Mientras ganaban tiempo desesperadamente, los hoplitas pesados llegaban lentamente para formar tras ellos y aguantar la línea.
Los tesalios combatieron ferozmente, incluso la más débil caballería griega cumplió con su deber; pero el peso numérico y la calidad de los jinetes persas hacían que nuestra derrota fuese segura.
Pero ay! Fortuna volvía a estar del lado de la Estrella Arreada, porque inesperadamente se produjo un frenazo en la marcha persa. Su general Nabarzanes, había caído.

Y la batalla cambió. Los persas siguieron presionando y ganando palmo a palmo el terreno, desgastando lentamente nuestras fuerzas, pero ya no eran una fuerza organizada, sino una masa pesada y torpe.
Me contó Mortadelio que cuando por fin nuestras fuerzas acabaron sucumbiendo, ya con el sol cayendo al atardecer, y Mortadelio y otros supervivientes huían hacia retaguardia apenas fueron perseguidos por los persas que quedaron deambulando por el campo, incapaces de organizarse para llegar a nuestro campamento o flanquear a nuestra infantería.

Sin duda, la caída de Nabarzanes fue decisiva.
Loadas sean Fortuna y Niké.


Entretanto las falanges de piqueros que habían avanzado hacia el río con la perspectiva de enfrentarse a la masa de infantes persas y hoplitas mercenarios se encontraron con una nube de psilois e infantería ligera aqueménida. Y la batalla se estancó en una fútil cadena de empujones infructuosos.

La gloria de los dioses estaba reservada a Alejandro. Él en persona, acompañado de nosotros, sus compañeros y camaradas. Juntos cabalgamos pos de la victoria.

Vivimos uno de los momentos más intensos de nuestras vidas. Aquella cabalgada bajo el estandarte de la estrella argeada que iba a eclipsar el sol de Persia, nos llenó de entusiasmo y cargamos llenos de confianza porque seguíamos a Alejandro.
El choque fue brutal, por unos instantes pareció que los persas soportaban y frenaban nuestro empuje, pero el momento de aparente vacilación desapareció cuando con renovado impulso volvimos a presionar con furia.

A nuestra derecha los prodromoi superaron a sus contrapartes y empezaron a amenazar el flanco persa. A nuestra izquierda el combate fue confuso pues tuvimos que enfrentar la amenaza de la infantería persa y soportar algunas bajas sensibles.

Pero pronto llegaron los 3000 hipaspistas con su general al frente, una vez superada la cortina de escaramuzadores llegaron a las manos con los kardakes y a romper y flanquear la línea de infantería persa, a pesar de tener que superar la dificultad de combatir en desventaja por el desnivel..

Aplastamos a los persas y su general fue pisoeado. Los restos de la caballería persa huyeron ante nosotros, así como las tropas ligeras que amenazaban desde las colinas nuestra ala derecha.

Alejandro, los compañeros y los prodromoi salimos a campo abierto pero mantuvimos el orden y se nos enfrentamos a la guardia de Darío que llegó en socorro.

Unidades de infantería persa del frente giraron sobre sus talones y las masas de hordas que guardaban el inmenso bagaje persa avanzaron para interponerse en nuestra carrera hacia el carro de Darío que podíamos vislumbrar entre las nubes de polvo. El pasillo hacia nuestro objetivo pareció estrecharse peligrosamente, pero nuestra caballería lo arrollaba todo a su paso.



Pronto alcanzamos a Darío. Lo vimos nervioso , mirando a su alrededor, viendo como sus infantes vacilaban y empezaban a mirar atrás. Viéndose atacados por retaguardia, temerosos y castigados por terribles bajas, su moral cayó y un temblor de inquietud sacudió sus líneas.

Y Darío huyó.

Y la gloria fue nuestra.




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El campo batalla

El poderoso centro persa.


Nabarzanes

Los persas amenazan el flanco de Alejandro

La caballería pesada persa

Los generales, por la derecha, Quim, Toni, Pep y yo.

El inicio de la batalla


Alejandro cruza el Pinaro

La muerte de Nabarzanes, que iba a desbaratar la mejor baza de los persas.

Alejandro también derrota a su oponente y mata al general enemigo.

Desarrollo de la batalla, típica de frentes invertidos.

Los ligeros persas de las colinas huyen despavoridos.

Alejandro participa directamente en combate. (Y Philemon).

Alejandro penetra en la retaguardia persa. La soledad de Darío.


Los hipaspistas envuelven el flanco de la infantería persa, mientras los compañeros avanzan al galope.

La cabalgata de la gloria!

Las reservas persas intentan bloquear el paso hasta Darío.

Pero por fin es alcanzado.

Esta imagen muestra la increíble situación al final de la batalla cuando Alejandro alcanza a Darío.

El mando de infantería persa ya está desmotivado, las alas rotas y la moral persa se vien abajo.

Una victoria épica de Alejandro.


La satisfacción final de la jornada fue enorme, la batalla había salido redonda, el escenario estaba bien ajustado y la victoria macedonia pendió de un hilo, la muerte de Nabarzanes fue crucial y dejó sin alma el ataque de la caballería persa, casi como sucedió en la realidad.

El combate de infantería estuvo ralentizado por el excelente papel de los psilois persas que detuvieron durante largas horas a las falanges, aunque finalmente los hipaspistas lograron romper el flanco de los kardakes.

Alejandro hizo su papel, su ruptura de frente y la cabalgada hacia Darío fue alucinante, mientras los compañeros y prodromoi se abrían en abanico para destruir la levas persas y abrirse camino hacia el bagaje persa. Una escena final digna del gran Alejandro y de su kronista.

5 comentarios:

David Cantó dijo...

Otra gran crónica, como siempre. Se ha hecho esperar...;)

El Senyor Verd dijo...

¡Qué gran batalla!

Me emociona recordarla.

Saludos,

Pep

JoNoVi dijo...

Excelente, como siempre.
De lo mejor que he visto últimamente.
Un placer y una gozada de crónica.
Sigue así.

Goffredo dijo...

Extraordinaria simulación estratégica y crónica.... realmente se revive la batalla.

Un placer

Anónimo dijo...

Hola
como general persa tengo que decir que el escenario quedo muy bien.
Mi plan era el inverso de los macedonios, embestir con la derecha, aguantar la izquierda y entretener el centro. Al romper con la derecha la caballeria debia perseguir al enemigo, ir contra el bagage y caer sobre la espalda de la falange. Para ello le di el mayor dado a la caballeria de la derecha. Todo iba de perillas hasta que Nabarzanes murio en acto de servicio (la primera baja que tuve) y, aunque acabo rompiendo el flanco, no tuve maniobra para realizar el flanqueo.
La cronica y fotos excelente.